Chicalista

La vida es un caos. Necesita listas.

Ocho fotos hechas esta semana que no había compartido con nadie

¿De profesión? Cazadora de portales. Los portales de Madrid son la tostada de aguacate y la piscina infinita de muchos madrileños. Vemos uno y no podemos evitar contarle al mundo que lo hemos encontrado. Este está en el barrio de Salamanca y pertenece a una estirpe de entradas de edificios que me encanta. Aquí hay piedra y voluntad de ser algo más, un poco más, que un portal.

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Estos pies y este vestido de cuadros pertenecen a la nieta de Truffaut. Luna Picoli-Truffaut vino a Madrid a recoger el premio #yosoytraveler concedido por Condé Nast Traveler España. Tiene encanto, es buena conversadora y parece lista. Me porté bien y logré no decirle que para mí su abuelo era dios; la protagonista era ella. La foto es pésima: ya era de madrugada y ella estaba bailando y yo bebiendo.

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No estoy tan comprometida con la compra de ropa orgánica y respetuosa como me gustaría. Mea Culpa. Sí en teoría (mucho, yo en la teoría me muevo de maravilla) y no en la práctica. No puedo ser coherente todo el tiempo, aunque lo intento cada vez más. El tema del gasto del agua que exigen las prendas de algodón es preocupante y por eso intento que mi tímida militancia vaya por ahí, por el algodón cuidadoso. Esta semana me compré esta camiseta en &Other Stories solo porque era blanca, ancha y el algodón era orgánico y gustoso. La inscripción, plín.

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Nunca he tenido hobbies, o si los he tenido han sido muy poco floridos. Me gusta leer, ver películas, charlar tomando un vino con gente interesante, pasear entre árboles y deambular sola por la ciudad.  Nada especial. Sí tengo tres o cuatro aficiones algo más lucidas y, de acuerdo, mucho más burguesas: las piscinas, los tratamientos/masajes, los hoteles y los perfumes. Cada año digo que me voy a ir a Grasse a hacer un curso de verano y cada año pasa sin que lo haga; este, tampoco. Mientras tanto me gusta aprender a oler y huelo siempre que puedo. Esta semana fui a zambullirme en el universo de  de Serge Lutens. Este señor piensa perfumes muy desafiantes, aunque cada vez son más amables. Ese “aunque” no sé si es bueno o malo. Descubrí uno llamada “Dent de Lait” que me atrapó en cuanto vi el nombre y leí la inspiración, porque yo aún tengo dientes de leche. Creo que me gusta. Aún lo estoy oliendo.

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Este es la tortilla de ortiguillas de Fismuler. Esta semana he estado dos veces allí. Una cené (qué bien lo pasamos) y otra almorcé (qué bien lo pasamos) y las dos veces pedimos esta tortilla. Me gusta todo lo que se come en este restaurante. Todo. Esta semana celebramos, de nuevo, Laconicum Efímero. Alquián está justo a la espalda. Volveré a escaparme para pedirla de nuevo. Anotad: ortiguillas y Laconicum Efímero.

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Ayer comentábamos  Belén (Niña Vintage) y yo que hay temáticas de series que nos tienen compradas desde antes de verlas: serie política (la vemos), serie con sesiones de terapia dentro (la vemos), serie de familia bohemia pija disfuncional (la vemos). “The Good Fight”: la ultravemos. Esta semana se ha emitido “Vestidas para la lucha” , un programa de Movistar+ sobre el vestuario de “The Good Fight”. Me encanta porque tiene todo lo que le pido a una serie: es política, se bebe, tiene ritmazom se mete en jardines narrativos, es divertida, te hace pensar y los personajes van muy bien vestidos. En ese programa me entrevistaron para que hablara de cómo el vestuario de Daniel Lawson construye a Diane, Lucca y compañía. Lo hice y, además, gesticulando mucho. A ver si me contengo. Diane nunca lo haría.

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No quiero que llegue el verano, porque entonces tendré que lleva sandalias y olvidarme de mis Rothys, los zapatos planos más cómodos que tengo. En cuanto tengo ocasión suelto a quien se cruce conmigo que con ellos vuelas, que se lavan en la lavadora y están realizados con botellas de plástico recicladas. Si me encuentras y llevo uno de los tres pares que tengo te contaré esto mismo.

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Esta terraza me gusta mucho y no soy yo una persona de terrazas. Cuando el cielo está gris y hace fresco me producen tristeza y cuando hace calor no las aguanto. Quizás la inaguantable sea yo, pero hay pocas terrazas de Madrid que me convenzan. Mis favoritas están en los hoteles y sobre el cielo, a ser posible en una calle potente como Gran Vía, la más majestuosa de toda la ciudad. “La Pérgola” del hotel The Principal (Small Luxury Hotels of the World) es preciosa porque es una semiterraza, estad mitad dentro, mitad fuera. Está en alto, tiene plantas, silencio y a los coches muy, muy lejos. Pidamos el cielo siempre.

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Esta entrada fue publicada el mayo 13, 2018 por en Uncategorized.

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