Chicalista

La vida es un caos. Necesita listas.

Doce manías sobre perfumes

1. Ni entiendo ni comparto cómo se puede usar un mismo perfume durante años. Hay gente, la conozco e incluso la quiero, que lleva años usando la misma fragancia. Es como llevar el mismo vestido, como comer cada día idéntico bocadillo de jamón durante años;  no importa si es el mejor jamón, si el vestido es de Dries van Noten. Es siempre lo mismo. Hay personas que son siempre las mismas. Yo no. Yo soy tres en el mismo día.  La vida es corta. Las fragancias muchas. Las personas multipersonas.

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2. Siempre uso varios perfumes/colonias/aguas de perfume a la vez. Las coloco en esta mesa junto a la puerta de mi casa. Es lo último que hago antes de salir y, a veces, lo primero que hago al entrar. A esta mesa llegan los elegidos. Tengo, pruebo y huelo muchos más, pero este es el podium. A veces los mezclo. Mezclar perfumes es algo entre instintivo y técnico, pero cuando se agarra soltura abre todo un mundo. Me gusta usar uno por la mañana y añadirle otro en medio del día.

3. Con las fragancias sigo un código complejísimo que solo entiendo yo y solo debo entender yo. Un ejemplo: Cuando quedo con X  siempre llevo una de Les Infusions de Prada, pero si quedo de día eso cambia y llevo un perfume sin nombre. Siempre que voy a ver a alguien a quien le gustan los especiados , uso especiados porque el perfume es también un regalo. Esta primavera uso Terre D´Hermes para ir a trabajar. Además, está grabado con mi nombre, algo que mi ego, insaciable, agradece. Esta fragancia es versátil y cariñosa; también es masculina, pero siempre he ignorado esa distinción. Si quedo con Y, como siempre me reconoce con perfumes empolvados no quiero decepcionar y llevo Teint de Neige. Podría seguir, pero esto me confirmaría como una neurótica y no: es más sencillo de lo que parece.

4.  Uso perfume cuando estoy en casa. Si hace frío fuera uso el 68 de Guerlain, pero si es de noche y voy a dormir llevo una colonia mexicana tan barata como deliciosa que se llama Flor de Naranja y compro en Sanborns cuando viajo allí.

5.  Cuando viajo uso un perfume diferente que cuando estoy en Madrid. En cada viaje uso uno distinto, así relaciono el destino con el aroma. Mi último viaje a Londres usé Cardinal, de Heeley.  En Sudáfrica, hace un mes, una muestra de Menthe Fraîche de Heeley para ir dejando rastro a menta. En mi último Marrakech olía a Rose of No Man´s Land de Byredo en roll-on.  Aún no sé a qué oleré en el próximo.

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6. Me gustan la mimosa, el incienso (ay, el Cardinal de Heeley, ay), la madera quemada, el buen neroli, las rosas de mayo de Grasse, la pimienta, el nardo cuando se le quita peso.

6. Me interesan los perfumes que huelen a sí mismos. Chanel Nº 5 fue la primera fragancia adulta que usé y, de manera intermitente, me acompaña siempre. Creo que es la primera vez que escribo esta frase: “me identifico con él”. Creo que no lo he escrito jamás porque no me identifico con nada de manera persistente. Pero esta botella de cristal contiene algo que me llega dentro. Chanel Nº 5 ni siquiera huele bonito. Está por encima de esas convenciones. Es un disparate. Les Exclusifs son un disparate y los amo todos de una forma sobrehumana. Cuir de Russie me recuerda a alguien que conocí hace mucho tiempo y murió y cada vez que lo huelo reaparece en forma de halo.

7. Me gustan los empolvados y su halo de melancolía. Busco esa sensación de caminar envuelta en talco. También el aroma algo triste  de las (buenas) rosas. Les Infusions de Prada (la de Iris a la cabeza) y Teint de Neige de Lorenzo Villoresi están en la mesa de los elegidos desde hace años. Me gusta que se peguen a la ropa y que tengan tanto carisma y sean melancólicos y tengan ese aire de algo pasado de moda.

8. Cuanto más pruebo más me gusta Guerlain. Hasta lo que no me gusta me interesa. Con los perfumes ocurre como con el arte, las películas y los jerseys de cashmere: los hay buenos y los hay malos. No es discutible. No es subjetivo. Los de Guerlain son buenos, buenísimos. Le Parfum de 68 , siempre en el podium, me parece un perfume calentito, masculino, también algo antiguo. El Eau de Fleurs de Cédrat, pese a ser un cítrico (que me gustan pero no me emocionan) es un aroma delicado e imprevisible. Cada vez que agarro el frasco de cristal tallado me traslado al Petit Trianon en un parpadeo.

9. Uso fragancia, crema o aceite perfumados para dormir. Algo. Las hidratantes corporales de Cowshed son una locura. Wild Cow, la línea que huele a jengibre, lemongrass y romero se impregna en las piel y las sábanas. Igual ocurre con el Huile Divine de J´adore de Dior. Cuando lo hago siento que me estoy haciendo un regalo. De 12 de la noche a 7 de la mañana todo es mejor oliendo así.

10. Hablemos de aguas de colonias. Hablemos en perfecto inglés británico porque las de Atkinsons me gustan. No las uso a diario, pero sí cuando necesito sentirme con energía. El Oud Save the Queen, importantísimo oud, me recuerda a Sevilla. En mi casa siempre ha habido Atkinsons así que siento que la familia también es eso: un lugar desde donde arrastras aromas.

11. Hace unos meses me regalaron un perfume sin nombre. Lo lanzaba Byredo para commemorar su décimo aniversario. El nombre provisional es Unnamed pero yo tenía que elegir un nombre y decorar el frasco con él. No he encontrado ninguno. Pensé en llamarlo Algoritmo, porque los algoritmos dominan el mundo y nuestro ánimo, pero me entre muy tecnológico y  muy Jasón y los Argonautas. Me recordaba a un paseo por el bosque. Oh, podría llamarlo Shinrin-Yoku o paseo entre árboles. Muy largo, muy pedante. También consideré Inshallah, que me recuerda a Marruecos y a los buenos deseos. He decidido dejarlo sin nombre porque genera mucha más conversación. También por falta de imaginación.

12. Si me aplico puedo entender la existencia de exoplanetas, cómo podemos enviar fotos por WhatsApp desde la Patagonia a Cumbres Mayores, los vestidos de Pier Paolo Piccioli, las esculturas de Giacometti y otros fenómenos bellos y difíciles de entender. Puedo entenderlo todo menos una cosa: cómo alguien decide, en pleno uso de sus facultades fisicas y mentales, no usar perfume, fragancia, agua de colonia. Es el gran accesorio, es el mejor bolso, el zapato definitivo, la joya que todos podemos comprar. Es la música del olfato, es química emocionante, es placer invisible, puro regocijo sensual. Hay gente que decide, motu propio, vivir a espalda de eso. Admiro esas vidas austeras y elevadas.

 

 

 

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Esta entrada fue publicada el mayo 28, 2017 por en Uncategorized.
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