Chicalista

La vida es un caos. Necesita listas.

Cinco momentos emocionantes del último mes

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Visitar los campos de rosas de Grasse.  En otra vida, en una de mis otras vidas, (¿cuántas puedo tener?) sería perfumista. Por eso, pasear por los campos de rosa centifolia y comer frente a los de iris * ha sido importante. “Qué bien hueles” me sigue pareciendo una de las cosas más bonitas que se puede decir a alguien. Los aromas son tan animales y, a la vez, tan evolucionados. Como la música, solo pasan por el corazón; en este terreno la cabeza no pinta nada. Una vez Francis Kurkdjian me dijo que no entendía por qué se empeñaban en hablar de perfumes en las páginas de Belleza de las revistas: “No pertenece a ese mundo”. Es algo diferente, es como un vestido invisible.

Ver dos veces a Silvio Rodríguez. Sí. A Silvio. Dos. Todas las veces que he pronunciado su nombre en el último mes me han mirado con cara de : “¿¿a Silvio Rodríguez??” Sí, al que escribió lo de “Quién fuera el batiscafo de tu abismo”, “No he estado en los mercados grandes de la palabra, pero he dicho lo mío a tiempo y sonriente”, “Los amores cobardes no llegan a amores…” Y miles más. Hay gente que se pasa la vida intentando componer un temazo. Silvio tiene decenas. Los silviófilos nos hemos puesto muy nerviosos ahora, cuando  estado en España; al pronunciar su nombre nos soltaban: “ah, el del unicornio”. A los silviófilos “el unicornio” no nos gusta. Los silviófilos somos unos incomprendidos en 2016, pero no nos importa. Así somos. Podía haberle visto una sola vez, pero lo vi dos. No me interesa racionar los placeres.

Darme el primer baño de la temporada. Fue en Le Mas de Pierre, rápido e imprevisto: ni siquiera llevé chanclas de goma ni, ooops, protector solar. Era sábado por la mañana y estaba sola en la piscina. Desde que me levanté y salí descalza a la terraza dije: “hoy me baño” con la misma determinación que alguien se levanta un día y dice “voy a escalar el Everet”. Yo no quiero escalar nada: prefiero estar sentada en el borde de una piscina, guiñando los ojos por culpa del sol.

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Empezar a escribir mi cuarto libro. Misterio. Pistas: no es ficción (soy una cobarde) y se publicará a comienzos de 2017.

Visitar la capilla de Matisse del Rosario de Vence. Quién me iba a decir, cuando bajé las escaleras de ese edificio anodino de la Costa Azul, que iba a encontrar lo que vi. Dicen que es la obra maestra de Matisse, donde resumió todos sus hallazgos en color, forma y luz. Quizás lo sea, qué más da. Lo que importa es que este sitio tan sencillo es como un relámpago. Justifica un vuelo, una vacación y una baja laboral alegando “necesito dos días para ver cómo las vidrieras azules y amarillas se reflejan en los azulejos blancos”.

Tener un sobrino. Sabía lo que es tener una sobrina y que esa sobrina me llamara por Face Time para jugar a poner caras, “expresiones”. Ahora ha llegado Andrés, diminuto y lleno de vida. Otro relámpago.

*Me gustan las palabras cuyo singular y plural es el mismo.

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Esta entrada fue publicada el mayo 22, 2016 por en Uncategorized.
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