Chicalista

La vida es un caos. Necesita listas.

Siete detalles imperdibles de la exposición de Zurbarán del Thyssen

1. El alfiler de San Serapio. El San Serapio es una de las obras más importantes (y más difíciles de ver) de Zurbarán. Está en Connecticut, en el Wadsworth Atheneum y se puede disfrutar este verano en España de manera extraordinaria. E una obra de juventud, pero aquí está todo Zurbarán, sus santos humanizados, su elegancia, su capacidad de transmitir sufrimiento sin drama ni sangre, el tratamiento casi enfermizo de las telas y su virtuosismo. A la derecha de nuestra mirada hay un papel con el nombre del autor; si nos fijamos, veremos que está sujeto con un alfiler.

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Francisco de Zurbarán San Serapio, 1628 (Saint Serapion) Óleo sobre lienzo, 120,2 x 104 cm Hartford, CT, Wadsworth Atheneum Museum of Art. The Ella Gallup Sumner and Mary Catlin Sumner Collection Fund

2. Las flores. Con los libros, las frutas o la costura son algunas de sus motivos más recurrentes. Pintaba las flores en ramos o sueltas, desperdigadas por el suelo, como en este cuadro que está en el Metropolitan de Nueva York.  El Zurbarán que quieren mostrar en el Thyssen es un Zurbarán renovado, más colorista y luminoso. Zurbarán era un gran comunicador que iba dejando mensajes por todos sus cuadros; se ayudaba de objetos como éstos.

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Francisco de Zurbarán Virgen niña en éxtasis, c. 1640-1645 (The Young Virgin) Óleo sobre lienzo, 116,8 x 94 cm Nueva York, The Metropolitan Museum of Art, Fletcher Fund, 1927

3. La geometría. Zurbarán era un pintor barroco peculiar. Le gustaban más las rectas que las curvas. En este San Francisco, tan solemne se aprecian dos de sus características: la composición geométrica (esa capucha…) y a base de grandes planos de color.

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Francisco de Zurbarán San Francisco de pie contemplando una calavera, c.1633-1635 (Saint Francis Contemplating a Skull) Óleo sobre lienzo, 91,4 x 30,5 cm San Luis, Saint Louis Art Museum

4. Las miradas ausentes de las Vírgenes. Las Vírgenes de Zurbarán tienen la cara de las niñas y adolescentes que él veía en Extremadura y Sevilla. Si miramos sus ojos veremos que los suyos están siempre en otro sitio. Básicamente Zurbarán era muy libre, pintaba lo que quería y como quería: las perspectivas las deformaba, vestía a las Vírgenes niñas con trajes de princesa adulta…

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Francisco de Zurbarán Adoración de los Magos, c. 1638-1639 (The Adoration of the Magi) Óleo sobre lienzo, 263,5 x 175 cm Grenoble, Musée de Grenoble

5. Las telas y las santas. Las santas y las telas. Esto es ya un tópico, pero la pintura de las telas es medular en este pintor barroco tan poco barroco. Su padre era comerciante de telas y él las conocía bien. Se recreaba en ellas aunque no procediera, les da vida y las convierte en protagonistas de muchos de sus cuadros. En esta Santa Águeda se aprecia cómo la capa se podría mantener casi en pie. Las santas fueron uno de los hits de Zurbarán; pintó muchas, él y su taller, que compraban en América. Como todo gran éxito, también fueron muy copiadas.

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Francisco de Zurbarán Santa Casilda, c. 1635 (Saint Casilda) Óleo sobre lienzo, 171 x 107 cm Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza

6. Juan de Zurbarán. El hijo de Zurbarán fue el mejor ayudante de su padre. Murió muy joven, pero le ayudó en su taller. Era un buen pintor; a él también le gustaban las flores. Heredó la mirada elegante.

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Juan de Zurbarán Bodegón con cesta de frutas y cardo, 1643 (Still Life with Basket of Fruit and Cardoon) Óleo sobre lienzo, 74,5 x 106 cm Mänttä (Finlandia), Gösta Serlachius Fine Arts Foundation

7. El silencio. A Zurbarán también se le ha llamado el pintor del silencio. Aquí elige cuatro objetos muy ordinarios y se los lleva a otro territorio, más cerca de lo sagrado. Convierte un simple jarrón de barro en algo extraordinario y la unión de los cuatro cacharros en un altar. La quietud de Zurbarán, que casi se puede tocar, envuelve este bodegón.

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Francisco de Zurbarán Bodegón con cacharros, c. 1650-1655 (Still Life with Pottery and Cup) Óleo sobre lienzo, 47 x 79 cm Barcelona, MNAC. Museu Nacional d’Art de Catalunya. Legado de la Colección Cambó

*Zurbarán, una nueva mirada se puede visitar en el Museo Thyssen hasta el 13 de septiembre. De martes a sábado abre hasta las 10 de la noche.

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Esta entrada fue publicada el junio 21, 2015 por en Uncategorized.
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